Anuario

Signos del colonialismo

El siguiente texto pertenece al anuario que realizó la escuela multimedia DaVinci, en 2016. En esa época era uno de los profesores de los cursos de historieta, y me pidieron que escribiera algo para el anuario y salió esto:

 

    Bueno, veamos… Un par de días atrás, me pidieron que escriba un artículo para este anuario, que Usted afortunado, está leyendo. Claro que hay pocas cosas que conozca tan profundamente como para poder escribir algo al respecto, y que no incluya la frase “estúpido Flanders” repetidas veces (quien no haya visto Los Simpsons, no intente entender esas palabras). De esas cosas, ni la mitad podrían ser parte de un  anuario que sea apto para todo público. Así que en realidad no tenía tantas opciones. El artículo debería ser sobre historietas o “puesta a punto de motores diésel”.

    Entonces bien, después de mucho cavilar y pensar en las consecuencias de escribir sobre ciertos temas, me decidí a escribir sobre mis queridas historietas (ya todo el mundo sabe cómo poner a punto un motor diésel). Ahora, la cuestión sería sobre qué aspecto de la historieta hablaría.

     Un relevamiento histórico del noveno arte… fue mi primera opción, pero hay una lista tan grande de personas que harían un mejor trabajo bajo esa consigna, que prefiero no quedar en evidencia. Así que el artículo hablará sobre el circuito independiente de la historieta argentina. Ese río subterráneo que corre por todas las ciudades del país gastando tóneres y horas de sueños de cientos de nerdos.

 

No es importante, o por lo menos no lo más importante, que se diga “cupcake” en lugar de madalenas. Tampoco nadie va a morir por decir “brush” o “inker”, en lugar de pincel o entintador. Nop, nada de eso es “importante”, como sería importante una insignificante palabrita. Pero cuando estos modos nos van desplazando de nuestras epopeyas, cuando este tipo de costumbres no permiten que nos veamos como héroes, aventureros o exploradores… eso es un problema. No se preocupen, no me olvidé del tema antes prometido…  Varias veces, dictando el curso de historieta en la escuela nos topamos con chicos que al soñar una historia de ciencia ficción, por ejemplo, crean personajes como: El teniente McClain,  Dutch, Curtis, etc. Difícil será encontrar al Físico Juan Armando Fernández, despegar desde la base de operaciones espaciales en Chaco, en su nave “Hornero”, en pos de aquel lejano planeta misterioso. Está claro que no es extraño que las primeras cosas que producimos sean cercanas a las obras que más consumimos. Pero no deja de ser algo que nos debería llamar la atención. Excluirnos como protagonistas, ser siempre los espectadores de las aventuras de otro no puede ser de ningún modo una postura que debiéramos aceptar tan graciosamente. Ahora bien, qué tiene que ver la historieta independiente con todo esto. Como yo lo veo, el circuito independiente es justamente eso. Recuperar nuestra voz en los relatos.

 

    Cualquier consumidor distraído de historieta estadounidense, japonesa o europea, podrá verse sorprendido en, alguna, de sus comiquerías amigas, por publicaciones, que pudiendo tener muchas limitaciones técnicas, abordan temáticas excéntricas, como rara vez se ve en el seno de las grandes editoriales; y con estéticas tan experimentales que harían levantarse al propio Duchamp de su tumba. Este extraño espécimen de papel y tinta, pertenece al circuito de historietas independiente: un movimiento silencioso que se pasa de boca en boca, moviéndose en centros culturales y ferias al aire libre. Circuito que a veces sale a la superficie para mezclarse con los grandes “tanques” de las editoriales mayores. Así es como cada tanto uno puede ver títulos como “Marisa quiere pija” (de Brian Janchez), o “La Cuca de Liniers” (de Cristian Bevacqua), o “Barras” (Emilio Utrera), entre las mayas de un Spiderman o las orejas de Batman.  Y será entonces cuando ese lector distraído se verá frente a una encrucijada que podría cambiar su vida. Volver a comprar las mismas historias de siempre, con su ya estructura conocida, o arriesgarse a probar algo nuevo. Darle una oportunidad al famoso “probé y me gustó”… Pero, seamos realistas, esto lo estoy escribiendo yo, y el artículo es sobre la historieta independiente, dos pequeños detalles (cósmicos y divinos, para nuestro “consumidor distraído de historietas”) que harán, que el lector elija la publicación independiente, convirtiéndose a partir de ese momento en un explorador de algo nuevo (a sus ojos). Llegará a su casa, este “consumidor distraído de historietas”, para acomodarse en un rincón tranquilo para leer estas 20 o 30 páginas en blanco  negro. Como introducción habrá unas palabras del autor, contando parte de su historia, las idas y vueltas que tuvo que dar para lograr sacar su historia en papel. Habrá agradecimientos a todos los amigos que lo bancaron. Y este nuevo lector de material independiente, sentirá la primera gran característica de este ciurcuito: las historietas están hechas por personas. Es la transcripción más directa del pensamiento de su autor. Una vez terminada la historia habrá otras nuevas palabras que mencionarán alguna feria próxima a realizarse. Y nuestro “Consumidor distraído de historietas”, ya no podrá resistirse.

Seguramente un sábado o domingo a eso de las cuatro de la tarde nuestro aventurero, (que es la aventura sino el viaje, y los lugares desconocidos) estará entrando a un galpón o vieja “casa chorizo” devenida en centro cultural. El calor será sofocante y la iluminación pobre. Pronto le llegará el olor a chipá y a empandas. Verá, entonces, que circundando el espacio central se acomodan decenas de mesas, algunas llenas otras a penas ocupadas. Algunas tendrán un mantel de color para completar la idea de “puesto”. Cada mesa es una “editorial”, un emprendimiento. Un grupo de personas, abigarradamente dispuestas detrás de esa mesa que es el “puesto”, son los responsables de las publicaciones que exponen, los editores, los distribuidores, entintadores y primeros lectores. Nuestro explorador aventurero, se paseará por todas las mesas intentando evitar la mirada de los puesteros/autores que intentan descifrar las intenciones del potencial cliente. Poco a poco el lugar se irá llenando de gente, y con la gente vendrán un par de grados Celsius extras… y el olor. Siempre el olor es un subproducto de las ferias independientes.

Después de varias vueltas, después de un par de empanadas y unas cervezas, nuestro ya experimentado explorador se decidirá por una de las revistas que vio (ya unas treinta veces). Mate de por medio, después de preguntar el precio pagar, y mientras espera el vuelto vendrá la clásica pregunta: “¿Querés que te la firme?”. Y así se enterará que ese pibe que estaba cebándole un mate, mientras su compañero revolvía billetes en una lata, intentando hacer el cálculo para el vuelto, ese mismo que le alcanzó su flamante revista es quien la dibuja y escribe.  Y es en ese tipo de ferias donde autores y lectores se juntan para comprar y vender, reconocerse y compartir ese gusto por las viñetas y los globitos.

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